Certidumbres divinas en un mundo enigmático

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¿Te gustan los rompecabezas? El hermoso cuadro en la caja te atrae con la promesa de crear una réplica del original con unas 2000 pequeñitas piezas. Te esperan horas de satisfacción y frustración mientras tratas de desenmarañar una jungla de colores y figuras. Lentamente formas el marco. Poco a poco elementos aislados ocupan su lugar dentro de ese perímetro. La conclusión llega cuando, con regocijo, colocas cuidadosamente la última pieza en el espacio restante. Del caos de figuras de cartón llegas a la belleza final.

Algo asombroso le pasa a tu alma y a tu espíritu cuando comprendes que somos más que una serie de moléculas al azar en un desordenado universo. Es encontrar la pieza del rompecabezas que ni siquiera sabías que se había extraviado, pero no puedes imaginar la vida sin ella. Hay regocijo, alivio, curiosidad por saber más y el deseo de compartir lo que has descubierto con otra persona. Al fin este es el cuadro en el cual puedes colocar las piezas del rompecabezas y encontrar el hermoso cuadro de la realidad de un Señor pronto a venir.

Como cristiano adventista del séptimo día con gratitud procuro vivir esa experiencia día a día. Pero en el sendero de mi derrotero he tenido conversaciones con creyentes, con quienes dudan de su fe y con los que ya no creen. Sé que es fácil perder el panorama significativo que el Señor provee. A veces requerimos de recordatorios sobre el maravilloso significado que una vida dirigida por la fe puede tener en medio de las luchas y los desafíos de la vida diaria. Aunque hay muchas afirmaciones particulares en las enseñanzas bíblicas que los adventistas atesoran, encuentro que el rompecabezas de la vida encaja mejor de una forma cautivadora y significativa cuando está en el marco de cinco certidumbres divinas.

El propósito y el sentido en la vida está basado en nuestra elección de reconocer a la Biblia como la Palabra de Dios. Con tantas voces compitiendo por nuestra atención y alianza, persiste una autoridad para orientar nuestra vida que millones de personas a lo largo de los siglos han encontrado digna de nuestra confianza. Ya sea su poesía, prosa y las historias del Antiguo Testamento, las enseñanzas de los evangelios y las epístolas, los diez mandamientos o las profecías, la Biblia es una guía para los cristianos adventistas del séptimo día.

El propósito y el sentido en la vida está basado en nuestra aceptación de Jesús tanto como eternamente Dios y para siempre un ser humano. Es nuestro Salvador omnisuficiente de principio a fin. En ese conocimiento podemos aceptar agradecidamente su justicia como nuestra a través de la fe en su vida y su muerte por nosotros. Su ejemplo de amor y servicio forma la base de todas nuestras actividades individuales y colectivas. La victoria final de Jesús en la gran controversia cósmica en relación con el carácter de Dios provee esperanza en medio de los problemas de nuestros días. En el análisis final, somos cristianos para quienes Jesucristo es el poder organizador y el principio de todo lo que somos, decimos y hacemos. «Porque en él vivimos, y nos movemos» (Hechos 17:28, RVC).

El propósito y el sentido en la vida es una experiencia diaria de saber que Dios nos ama y tiene un plan para cada individuo. Cada carga que nos preocupa toca el corazón de nuestro Padre Celestial. Las tribulaciones y los desafíos diarios, las alegrías y los triunfos, son guiados por la mano de Dios para llevarnos finalmente a casa. Jeremías 29:11, nos recuerda: «Solo yo sé los planes que tengo para ustedes. Son planes para su bien, y no para su mal, para que tengan un futuro lleno de esperanza» (RVC).

El propósito y el sentido en la vida proviene de saber que Dios se preocupa de la calidad de vida de cada persona. Los adventistas del séptimo día creen que nuestro Creador se preocupa por cada aspecto de nuestra vida. No para atraparnos en nuestros errores. Al contrario, como el Gran Diseñador, él sabe cómo funcionamos mejor. La forma como vivimos, comemos, hablamos, pensamos, tratamos a los demás y nos preocupamos por el mundo que nos rodea impacta nuestra felicidad tanto ahora como por la eternidad. Por eso Pablo escribe: «Así que, si ustedes comen o beben, o hacen alguna otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31, RVC).

El propósito y sentido en la vida proviene del conocimiento que el Dios del universo desea pasar tiempo personalmente conmigo. Es una revelación empequeñecedora y gozosa el saber que Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desean una relación individual con nosotros. Desde nuestro primer aliento hasta el último instante de nuestra vida Dios desea estar con nosotros. Es por eso que oramos, adoramos juntos y pasamos tiempo estudiando su Palabra —para experimentar más de esa conexión especial—. El salmista exclama con alegría: «¡Cuán preciosos, oh Dios, me son tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de ellos!» (Salmo 139:17, NVI).

Dentro del cuadro de esas cinco certidumbres divinas hay muchas otras piezas del rompecabezas para discernir la voluntad de Dios y el cumplimiento final de su plan para nosotros. Conforme continuamos explorando el gran cuadro de las creencias adventistas en las Escrituras, vamos a llegar a apreciar la alegría y la esperanza de vivir hoy lo mismo que tener confianza en el futuro. Este es un cuadro amplio del verdadero carácter de Dios y su plan para nosotros que millones han encontrado convincentes y transformadores. Soy uno de esos. Juntos podemos esperar el día cuando el cumplimiento del recorrido llegará conforme la última pieza del rompecabezas encaja en su lugar. Jesús vendrá y le veremos cara a cara.